viernes 18 de abril de 2008

Nos pasamos la vida resbalando a la deriva

Cuanto más nos creemos cerca del destino final más seguimos resbalando. Conocí a un hombre, tambien de padre gallego como yo que llevaba muy mal la relación con su mujer. Estaba apasionadamente enamorado de ella. Llevaba su pasion como una corona de espinas. Un día le dijo: Dolores, vivo angustiado. Mi amor por tí es tan fuerte que creo que me voy a evaporar. Tambien conocí a una mujer, en realidad es mi mujer. Ella describe su vida de esta manera: “Un buen día, es un día sin lluvia. Un mal día es cuando me quedo en la cama y pienso en las cosas que podrían haber pasado”. Conocí a un padre que tenía un hijo. Llevaba tiempo con ganas de contarle los motivos de su comportamiento durante muchos años. Un día se puso de viaje para tener esta conversación. Llegó tarde, el muchacho estaba dormido, el padre le dió un beso en la mejilla y se puso de viaje, de nuevo. Solo Dios sabe por qué pasa lo que pasa. Dios tiene un plan. Pero los mortales no tenemos acceso a esa información. Trabajamos, nos pagan, creemos que volamos airosamente cuando en realidad nos pasamos la vida resbalando a la deriva.