jueves 10 de abril de 2008

La misión Calatrava-Slaciistico

Resumen de agencias.
Los canales que rodean la muralla china tienen más de dos mil años de antigüedad. Aunque algunos siguen usándose para regadío, la mayoría están en desuso formando un hábitat muy interesante para la flora y la fauna.
Situados en las provincias de Xing-Xing y Fukian la extensión del territorio que cruzan estos canales es de uno 50.000 km2, como una provincia española. Por ser una zona relativamente insalubre, con muchos mosquitos y poco aprovechada agrícolamente, las zonas urbanas son pocas y muy distantes unas de otras.
Este aislamiento y abandono por el hombre ha creado, a lo largo de varios siglos, un santuario para determinadas especies que sólo se encuentran en esta parte del mundo.
Empezaremos por el frantio. El frantio es un molusco con pelos que avanza a saltos de orilla a orilla de los canales. Los frantios son animales solitarios pero se les puede encontrar en manadas de 15 o 25. El frantio se alimenta del junco platanal, gramínea que sólo se encuentra en ecosistemas tan peculiares como el que nos ocupa. El junco desaparece en verano y florece en invierno, cuando toda la zona está cubierta por nieves de hasta medio metro. Es una maravilla ver hectáreas y hectáreas de juncos platanales asomando sus bellas flores color verde por encima de la nieve. El frantio hiberna en verano. El resto del año se lo pasa comiendo los brotes tiernos del junco platanal usando una técnica que llama la atención. Como la nieve es muy densa, las flores verdes del junco asoman con dificultad de debajo del manto blanco. El frantio utiliza su apéndice púbico (no confundir con el pene que no tiene porque el frantio es hermafrodita) especie de quinta pata que les permite escarbar en la dura nieve. Pueden verse manadas de hasta treinta frantios, animal solitario pero que aúna su esfuerzo al solo objeto de desenterrar la flor verde del junco platanal. Esto suelen hacerlo de noche para evitar los ataques de su principal enemigo, depredador: el gorestitar.
El gorestitar, también llamado gato de los canales, es un plantígrado de gran tamaño. El gorestitar es conocido por su peculiar silbido. Parecido al de los spaguetti westerns, uiuioo! pone los pelos de punta no sólo de sus principales víctimas, los frantios, sino de cualquier humano que se atreva a pasar una noche en aquéllos parajes. Cuenta la leyenda que el gorestitar procede del matrimonio entre un monje budista y un oso panda. Pero no hay evidencia científica de este cuento popular.
De día revolotean estos parajes bandadas gigantescas de prolímeros, el gorrión de la estepa. Aves de tipo estacional, emigran desde el desierto del Gobi hasta los valles de Gongkian en bandadas de cientos de miles. Lo más destacado de estas manadas es que forman un dibujo en forma de estilete que se arroja sobre el más temible de los animales que aquí y sólo aquí habitan: el coyén. No es fácil ver coyenes desde la tierra. En los vuelos muy restringidos que el gobierno chino autoriza para investigadores, puede verse, con mucha suerte un coyén cruzando furtivamente con sus enormes patas de araña gigantesca, los canales de veinte en veinte metros. Los prolímeros son los únicos que pueden hacer daño al coyén por dos razones: porque los ven cuando cruzan los campos y porque tienen tiempo de construir la formación en estilete que se lanza en picado desde 500 o 600 metros contra la espalda desguarnecida del coyén.
El coyén tiene cuerpo de dinosaurio, patas de araña y espalda al rojo vivo. De la espalda salen continuamente bacterias putrefactas mezcladas con pus, mosquitos y saliva verde. En fin, un asco. Esta sustancia atrae a los polímeros que no pueden resistir su olor aunque se encuentren a kilómetros de distancia.
Los únicos humanos que habitan esta peligrosa región son los dorífanos. Se llama dorífano a una raza que solo se encuentra aquí y que, según análisis de los investigadores, son descendientes directos de Adán y Eva. Cuando Caín supuestamente mató a Abel, este quedó sólo malherido y estuvo varios meses recuperándose de sus heridas en una selva cercana a la región de los canales. Para sobrevivir tuvo que aparearse con las hembras de un homínido que no aparece en las páginas del Antiguo Testamento, pero que es el vínculo entre Adán, Eva, Caín y Abel y el resto de la raza humana. Como consecuencia de estos apareamientos, nacieron cientos de dorífanos, hombres y mujeres con siete piernas y cinco hombros que confluyen en un único brazo central.
Esta morfología peculiar permite a los dorífanos saltar dando silbidos que emiten a través de los veinte dedos de su brazo único. Lo más parecido a su silbido, en nuestra civilización sería el sonido de la turbina de un reactor. Por eso los pocos turistas que se les permite visitar la zona de los canales suelen mirar para atrás cuando oyen la ensordecedora bocina del dorífano, idéntica a un reactor calentando motores antes de despegar.
Todo este preámbulo sirve para que se entienda lo que sigue.
Un día soleado del mes de mayo, caminaba Slaciistico con sus discípulos por el borde de un canal cuando el más joven de estos le dijo a Slaciistico: “Maestro ¿cómo podemos confirmar que después de que te mataran resucitaste gloriosamente?”
Slaciistico clavó su bastón en la húmeda hierba y poniendo las manos en forma de trompeta entonó el cántico con el que solía iniciar el relato de sus parábolas: “Fruuf, fruuf, fruuf, loado sea mi amigo el mecánico”
Los discípulos cayeron deslumbrados por el resplandor de aquéllas verdades.
“! Slacii, Slacii, Slacii, señor de todos los canales!” prorrumpieron.
“Sosegaos” dijo Slaciistico. No es bueno que el hombre esté sólo. (Esta misteriosa afirmación ha sido objeto de diatriba y crujir de dientes en los últimos congresos de la Conferencia Morrejal)
“Morreja me manda a vosotros, queridos amigos, para que dé la salida a todos los problemas que os aquejan” Dijo tranquilamente Slaciistico.
“Bendito seas por siempre Morreja, y bendito sea tu nieto en este mundo Slaciistico el bienaventurado” prorrumpieron los discípulos.
En aquel momento se produjo el cataclismo que, según varios autores, ha determinado la decadencia de la civilización humana: una manada de sesenta y seis coyenes salió súbitamente de un canal y se arrojó sobre Slaciistico y sus discípulos, devorándolos instantáneamente.
Esto sucedió a finales del siglo XVI, antes de que los misioneros desembarcaran en China. Por mucho que los habitantes contaran esta historia, los misioneros se negaron a creerla y mucho menos a transmitirla a la metrópoli que, por aquel entonces se encontraba en medio de la guerra de los cien días, entre Lutero y Felipe II.
Que eran sesenta y seis coyenes parece estar demostrado. Toda la iconografía china está llena del número 66. Las columnas de la plaza de Tiananmen son sesenta y cinco, que, con la que ocupa el centro de la plaza hacen sesenta y seis. En 1966 Mao hizo una fugaz visita al territorio de los canales. Solo fue acompañado por un equipo de cuatro íntimos, alguno de los cuales debió cometer la indiscreción que ahora nos permite afirmar que el aplastamiento de Slaciistico y sus discípulos es un hecho histórico.
En la página 66 del libro rojo de Mao se lee: “El pueblo deberá vigilar que de los canales no salgan coyenes”. Esta recomendación ha sido interpretada como una precaución contra el imperialismo norteamericano, cuando una lectura más desapasionada nos permitiría unir los conceptos coyén y canal.
En su libro “Las Religiones pre-colombinas” John Stracey, profesor de antropología de la Universidad de Arkansas, dedica varias páginas a relatar “ciertas desviaciones de la conducta sintoísta en las regiones nor-occidentales de la China húmeda”. Dice Stracey que hay claros indicios de una religión que debió extinguirse en China con la llegada de los misioneros jesuitas. Habla de Morreja, Slaciistico y otros dioses paganos que tenían multitud de seguidores y que desaparecieron misteriosamente con la llegada de los misioneros.
El jesuita austriaco Fran Von Slazenger, en su obra “Las catástrofes atribuidas a los jesuitas” habla de “monstruos que eran amaestrados por milagros de un líder en presencia de sus discípulos”.
Sea como fuera, la abundante literatura sobre la materia y la apertura provocada por la Olimpiada de 2008 han permitido la formación de un grupo de trabajo que, liderado por el antropólogo español Juan Calatrava, se desplazará a la región de los canales para efectuar el primer análisis de campo de la misteriosa desaparición de Slaciistico y sus discípulos. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha detraído varios millones de euros de su programa para la exploración de la cara oculta de Júpiter para la misión Calatrava-Slaciistico, como se conoce a esta nueva iniciativa de la ciencia española.